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VERSO LIBRE

Poemas

• ciudadela de iruÑa
• ofertorio
• primavera 1979
• salmo 70

Núm. 499
Categoria: VERSO LIBRE

PRIMAVERA 1979

(VERSO LIBRE CON HEPTASÍLABOS,ENDECASILABOS Y ALEJANDRINOS)

Ya estás aquí. Te presentía, llegas
en un brumoso pelotón de nubes,
cabalgando aguaceros y ventiscas,
albo corcel, que la montaña cubres
de blancos filamentos y de impolutas pistas
para solaz de esquíes y trineos.
Ya estás puntual aquí, pero sin prisas
en el inicio mismo del veintiuno de marzo.
La primavera, en este albor de vida
nos muestra sus aristas puntiagudas;
flota en la triste claridad del mundo
una secreta luz,
largo reguero de petróleo en crudo.
Hay pactos en Oriente;
se entenebrece el horizonte asiático;
el terrorismo azota la Rosa de los Vientos;
de Norte a Sur la Goma 2 ataca...
Lento compás de espera,
en el futuro de la gran catástrofe,
pero el Cosmos, exacto y programado,
no aminora su marcha
-silenciosa andadura del planeta-
y advierte el gran momento.
Se dispara el resorte en la alborada
y una tromba de pájaros y nubes
y un hálito de rosas es el pórtico
de su eclosión triunfal. ¡Ya es Primavera!
Al fin, ya estás aquí, ya estás aquí, nosotros,
los que vivimos el final del siglo,
te esperábamos; llegas
en el temblor del bosque y el boceto del nido,
en el arroyo claro,
donde bulle la vida y se reflejan
las luces del entorno
todavía en crepúsculo incipiente.
Tu luz nos cegará cuando amanezca.
Sí, Primavera, todos te esperaban;
te esperábamos todos impacientes.
Te soñaron poetas y mendigos,
tiritando entre harapos e ilusiones.
Te soñaban los ricos, los políticos,
que se olvidan del hambre y las chabolas,
pertrechados de pingües dividendos,
acuñando en las urnas
humo de papeletas, cargos e investiduras.
Te esperaban los niños y los adolescentes
al borde de la histeria y de su aburrimiento,
recitando las tablas de Pitágoras
y sorteando inermes
los negros calabozos de cinco evaluaciones
dictadas por el M.E.C. y sus atroces siglas:
EGB, BUC y COU, en este Año del Niño.
Te esperaban las musas, los ministros
y las amas de casa
y acechaban tu vuelta el campesino,
que rotura las tierras de secano
a golpes de su azada, masticando un mendrugo.
Yo te esperaba y te esperaba el hombre,
que rechina los dientes y rumia sus desgracia,
teniendo en el bolsillo del pantalón mugriento
su ficha de parado.
Y te esperaba la asturiana mina
y el castellano huerto,
que en el punto vital de sus entrañas
guardan ambos el pan y la riqueza.
Te esperaban los ríos de aguas contaminadas
y las Autonomías,
para emprender su vuelo, buscando libertades.
Te esperaban los pueblos, las aldeas,
y las ruinosas grietas de tantos caseríos,
barracas y masías,
barridos por las olas migratorias
y habitados tan sólo por ancianos.
Esperaban tu vuelta las tapias, los chaflanes
las esquinas -esa tierra de nadie-
cosida de carteles y de recias pintadas
donde ruge la Izquierda, redobla el parche el Centro
y vomitan los Ultras.
Te esperaban las quillas de los viejos navíos.
que otrora atravesaron los atlánticos mares,
dominios de la OTAN
y que ahora amarrados, balancean sus jarcias
y sus ventrudas moles al borde del desguace
en las playas del miedo,
huyendo de la insidia del rescate
y de ser apresados por las flotas de Europa,
las lanchas argelinas y el odio de Marruecos..
Te esperábamos los viejos jubilados,
esa turba doliente,
los hombres y mujeres de la tercera edad,
que extendían su mano encallecida,
para obtener, a trueque,
famélicos subsidios..
Y te esperaban tantas y te esperaban tantos...
Pero nadie te ha visto,
mi gentil Primavera del 21 de marzo.
No es tarde aún. Nosotros te esperábamos.
No te demores, lanza tu penetrante grito.
Despiértanos a todos, sacude nuestro tedio
y la raída manta de nuestro conformismo.
Lánzanos al trabajo y a la paz y el progreso
y al fragor de los hornos y las excavadoras.
Mitiga la violencia, la agresión, el escándalo
y el brutal egoismo de nuestros corazones
y pon en nuestras almas el bálsamo que cura
tristes antagonismos, las viejas banderías
del siglo diecinueve
y el crimen y el castigo de estos últimos lustros
Si de verdad transitas por nuestras latitudes,
si circuyes la bóveda de nuestros meridianos,
envuélvenos a todos en un abrazo único
y quítanos el ansia
de tener que ser siempre los primeros,
de creernos ungidos de los dioses
y de sabernos siempre los mejores,
cerrándonos de banda
al problema vital de nuestros prójimos.
Aparta este senil protagonismo;
que seamos iguales entre iguales,
iguales en la Ley que nos protege a todos,
iguales como hermanos
en un himno de amor y de esperanza.
Soñada Primavera ven cuanto antes.
Tu luz nos cegará cuando amanezca.
¡Primavera en el mundo. Primavera en Europa.
Primavera en España!

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2006-2018 © José María Zandueta Munárriz.