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Núm. 257
Categoria: NAVARRA

CIUDADELA DE IRUñA

(Aguafuerte nocturno)

VERSO LIBRE

La luz crepuscular del mes de enero
borda sus hilos de oro
en la seda sin brillo del ocaso.
Ya declina la tarde y se desmaya
llenando de penumbra
las palpitantes fauces de la noche,
que se acerca reptando lentamente.
Un silencio espectante zigzaguea
en el aire dormido
y el corazón, con un tic-tac de alerta
se estremece y escucha en la distancia.
Aquí, en mi vieja Iruña,
bordeando los fosos que perfilan
su clásico pentágono, está la Ciudadela,
el bastión militar que alzó Pamplona.
Mole de piedra,cinturón roquero,
que estrangula el contorno de la urbe...
Roña y verdín circundan su recinto,
invadido de ortigas
y almenado de estrechas cañoneras.
En este lento atardecer de Enero
todo es quietud y calma. El horizonte
subraya la agonía del paisaje.
-una línea de luz anaranjada-
que de pronto se esfuma allá a lo lejos.
Transitando la Vuelta del Castillo
se adivina, entre sombras, la vieja Ciudadela.
Camino hacia sus muros; me acerco al contrafoso
y siguiendo un atajo
que discurre entre líquenes y arbustos,
desciendo la escalera por un glacis
de rústicos peldaños labrados en la roca
y cruzando un carrejo de duros adoquines
y dos puentes, antaño levadizos,
tras una curva descendente, enfilo
su entrada Sur, la Puerta del Socorro,
portalón de emergencia,
que abotona el complejo de baluartes
al ámbito exterior de la muralla.
Huye la tarde... Avanzo
hasta alcanzar las verdinegras sombras,
escrutando a ambos lados
la dilatada anchura de sus fosos.
Bajo mis pies, la tablazón del puente
gime al pisar su viejo maderamen
de vigas carcomidas por la humedad y el tiempo..
Penetro en su interior por negro túnel
de abovedados arcos y ciegas hornacinas,
de puertas laterales con cerrojos
y roñosas argollas, garruchas suspendidas
de altísimas hileras de ladrillos,
que abocinan su techo.
La cripta y el ambiente sobrecogen,
el ánimo se mengua a cada paso
y el misterio, la duda y el silencio
plastifican mis huellas y pisadas
en el barrillo verdinoso y ocre,
amasado con polvo de centurias.
y el goteo contínuo de babeantes gárgolas.
<<>
Esta es mi Ciudadela:
visión fantasmagórica de horror petrificado.
Sólo orin y humedad son tus trofeos.
Tu pavoroso entorno
suscita el miedo, la inquietud y acorta
cada paso que doy en el vacío,

Avanzo y me detengo vacilante;
laberíntico dédalo de celdas,
de fríos calabozos, de inscripciones borradas,
fechas y nombres en ocultos nichos,
lista negra de prófugos y apátridas,
de espías,prisioneros y rehenes,
cadena de convictos y encartados,
meta final de reos y conjuras,
de sediciones y pronunciamientos,
de largas bayonetas y fusiles,
de sentencias en juicios sumarísimos,
de plegarias y adioses en la noche,
de absoluciones, la rodilla en tierra,
de cartas a la madre y a la novia,
acuden a mi mente y se entremezclan
y mi imaginación hurga entre sueños,
entre ficciones y realidades.
Brutalidad, poder, dolor, angustia,
sangre, acaso inocente, los grises paredones
y siluetas tumbadas boca arriba,
tras el tiro de gracia;los ojos muy abiertos
al pálido claror de las estrellas
y al lento amanecer de la mañana..
<<>>
.
Una potente luz, que brilla de repente
disipa mis espectros, mis alucinaciones,
me arranca de este trance, de este juego de sombras
y acelera mis pasos, penetrando
en un vasto escenario con la ciudad al fondo.
En el centro, romántica plazuela
y allí, apuntando al cielo,
erguidos en la noche, siete negros cipreses.
¿Pura ficción, certeza o pesadilla?
pero en verdad te digo que te siento
tal como yo te tengo en mi memoria
desde lo más remoto de mi infancia.
con centinelas en 'perpetuo cambio,
temblando a la intemperie,
tiritando de frío dentro de las garitas
y contestando:¡Alerta, alerta, alerta...!
<<<>>>
Esta noche he venido a visitarte
ya renovada y pulcra, mi vieja Ciudadela,
cuando en tus muros se aposenta el Arte,
óleos y exposiciones ornan tus calabozos
y las mañanas de cualquier domingo,
bajo los techos de tu Sala de Armas
-atriles musicales y negras partituras-
desgrana cadenciosas melodías
y alegres pasodobles
nuestra entrañable banda local, La Pamplonesa
<<>>.
Hoy vengo a despedirme.Dejo mi amada Iruña,
donde tengo mi voz y mis raíces
y las tumbas sagradas de mis muertos.
Ya todo queda aquí, cabe tus muros,
para guardarte siempre en mi memoria
y en la luz del recuerdo y la nostalgia,
por si ésta fuera la postrera noche
que transito tus vías fantasmales,
hollando tus aceras y adoquines.
Adios, adiós, mi vieja Ciudadela.
Cuando vuelva otra vez, si Dios lo quiere,
que pasten en tus fosos las gacelas, los ciervos,
que tu entorno esté lleno de pájaros y niños.
Que tus negros cipreses
presten marco adecuado a los brotes del Arte,
que cuelguen de sus ramas los laureles del triunfo.
Sobre tu fino césped que canten los poetas,
sintonicen sus himnos pinceles y batutas,
rapsodas y escritores.
Que emerjan de tus piedras renovadas,
mil varoniles ecos de jotas ribereñas
y en montañés contraste, los jubilosos txistus
silbando sus alegres kalejiras.
Que corran los atletas de variopinto atuendo
su galopante footing,
circunvalando, en deportivo alarde.
tus murallas y fosos, los embarrados surcos
de tu vecina Vuelta del Castillo.
Que de tus calabozos surjan nuevos liceos,
de tus negras estancias
aulas de paz, deporte y convivencia.
Adiós, mi vieja Iruña.
No oculto mi tristeza, ni mi melancolía...
Es ya de noche; tenue shirimiri
me va mojando el rostro.
No sé si en esta hora es la lluvia o mis lágrimas
las que humedecen este adiós que brota
del profundo dolor de mi amargura
por esta despedida.
Porque, a pesar de todo tu pasado,
yo quisiera volver, volver a verte
y volver a cantarte,mi nueva Ciudadela,
la Ciudadela de mi vieja Iruña.
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1 de Mayo de 1979
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